Diego Godoy ha anunciado que deja la música y, con ello, cierra su etapa como guitarrista de Sínkope. La decisión responde a la necesidad de comenzar una nueva etapa y cuidar su salud mental. Él mismo ha querido despejar cualquier lectura torcida antes de que internet monte una telenovela con dos acordes: está bien, no hay bronca y su despedida nace de una elección personal.
La historia tiene uno de esos círculos que el rock, cuando quiere, sabe cerrar sin artificios. Hace 23 años Diego vio a Sínkope por primera vez y aquella noche decidió que quería dedicarse a tocar la guitarra eléctrica. En enero de 2022, después de la salida de Woody Amores, terminó entrando en la banda que había encendido la primera chispa. Pasó de mirar el escenario a ocuparlo; ahora se despide desde el mismo lugar donde empezó el viaje.
Desde este lado del escenario siempre nos ha gustado ver a Sínkope. No solo por unas canciones que llevan décadas encontrando poesía entre el polvo, la carretera y las heridas, sino por la energía que derraman todos sus componentes cuando pisan las tablas. Diego formó parte de esa descarga: guitarra al hombro, oficio, entrega y esa sensación de que la banda no estaba interpretando un repertorio, sino viviendo dentro de él junto al público.
En su comunicado agradece el cariño recibido dentro y fuera de los conciertos y asegura que seguirá siendo sinkopero. También dedica palabras a Vito, Miguel, Ferdy, Alberto y a todas las personas con las que ha compartido estos años. Por ahora no existe anuncio de sustituto, concierto final ni explicación adicional sobre la próxima formación de Sínkope. No hace falta rellenar esos silencios: cuando haya noticias, deberán llegar de la banda.
A Diego solo podemos darle las gracias por su etapa y desearle lo mejor en la que comienza ahora. Cuidarse también exige valor, especialmente en un oficio donde demasiadas veces se aplaude aguantar hasta romperse. Ojalá encuentre la tranquilidad que busca y, si algún día vuelve a apetecerle, podamos verlo otra vez sobre un escenario con una guitarra colgada. Sin presión, sin reloj y sin más obligación que la de sentirse bien.
La imagen de cabecera es una ilustración editorial generada, alojada localmente a 1672 × 941 píxeles y concebida como una despedida agradecida desde el escenario; no representa una fotografía real de Diego Godoy. No se incorpora vídeo: ninguno de los disponibles documenta directamente esta despedida y aquí una canción escogida por rellenar solo haría ruido donde conviene escuchar sus palabras.
