Jennifer Finch, bajista, cantante y compositora de L7, murió el 18 de julio a los 59 años después de haber sido diagnosticada con una forma agresiva de cáncer cerebral. La noticia llegó apenas cinco días después de que la banda explicara públicamente la gravedad de su estado y anunciara que no podría participar en la gira de despedida prevista para octubre.
Finch se incorporó a L7 en 1986 y puso bajo, coros, canciones, contactos y una presencia escénica imposible de confundir al servicio de la banda. Participó en la etapa que dejó discos como “L7”, “Smell the Magic”, “Bricks Are Heavy” y “Hungry for Stink”: una colección de riffs, ruido y mala leche que ayudó a abrir espacio a una generación de mujeres en escenarios donde todavía sobraban guardianes de la puerta.
Su trabajo no se limitó al instrumento. También fue fotógrafa, diseñadora, escritora y una de las impulsoras del entorno creativo de L7. El grupo participó además en la creación de Rock for Choice, una serie de conciertos benéficos iniciada en 1991 que reunió música y activismo mucho antes de que cada causa llegara acompañada por su correspondiente etiqueta promocional.
L7 ha recordado a Finch como una persona original, feroz, divertida y creativa, y ha pedido respeto y privacidad para quienes la acompañaron. La propia bajista había insistido en que la banda continuara con “The Last Hurrah”; cualquier cambio concreto en esa gira deberá esperar a una comunicación oficial.
Hoy no toca retorcer el titular ni encender el brasero. Toca volver a “Shove”, “Pretend We’re Dead”, “Shitlist” o “Fuel My Fire” y recordar que el bajo de Jennifer Finch no estaba detrás de L7: estaba empujando a la banda entera hacia delante.
