METAL GAMES · CATÁLOGO ID 010 · AVENTURA Y PUZLES · 27 SEP 2026
Frankie Goes to Hollywood: del aburrimiento al Pleasuredome
Denton Designs convirtió el imaginario de Frankie Goes to Hollywood en una rareza de 8 bits con asesinato, más de sesenta tareas y minijuegos de guerra, amor, fe y placer. Aquí no bastaba con pulsar play: había que ganarse la entrada al Pleasuredome.

- Año
- 1985
- Plataformas
- Commodore 64 · ZX Spectrum · Amstrad CPC
- Desarrollo
- Denton Designs
- Distribución
- Ocean Software · Firebird Licensees en Norteamérica para C64
- Género
- Aventura arcade, puzles y minijuegos · un jugador
- Relación musical
- Canciones y motivos preexistentes adaptados a sonido de 8 bits; no una banda sonora íntegramente compuesta para el videojuego
- Edición física
- Sí · ediciones comerciales en casete y disco según plataforma y territorio. El conjunto europeo de Commodore 64 conservado incluye caja, manual, casete del juego, folletos y un segundo casete con una grabación especial en directo de Relax
- Mercado
- Sin cotización actual fiable · no hay una base homogénea de ventas cerradas que separe plataforma, formato y contenido completo. Como dato histórico, la edición británica de C64 en casete costaba £9,95 en 1985; no es un precio de mercado de 2026 · Muy difícil
LA MÚSICA MANDA
Frankie Goes to Hollywood · Fred Gray
La versión de Commodore 64 acredita a Fred Gray como músico y responsable de efectos: programó arreglos en chip de repertorio previo, entre ellos Relax, Welcome to the Pleasuredome, Two Tribes, Bang! y Snatch of Fury, además de referencias ajenas como Dragnet y Sobre las olas. Eso no lo convierte en autor de las canciones. El manual atribuye Relax a Peter Gill, Holly Johnson y Mark O'Toole, con producción de Trevor Horn. La versión de ZX Spectrum utiliza una adaptación de Two Tribes en la presentación.
Frankie Goes to Hollywood apareció en Commodore 64 en julio de 1985 y en ZX Spectrum durante aquel mismo año; la conversión para Amstrad CPC quedó catalogada en 1986. Ocean Software publicó las ediciones británicas y Firebird llevó C64 a Norteamérica en mayo de 1986. Denton Designs, estudio nacido de las cenizas de Imagine en Liverpool, construyó el juego alrededor de la banda sin limitarse a pegar cuatro fotografías sobre un arcade genérico.
El punto de partida es Mundanesville: suburbios grises, casas parecidas y un protagonista sin personalidad. Para alcanzar el Pleasuredome hay que completar más de sesenta tareas, reunir 87.000 Pleasure Points y elevar hasta el 99 % los rasgos que el juego asocia con placer, guerra, amor y fe. El manual invita a tocarlo todo, experimentar y administrar un inventario limitado a ocho objetos. Algunas acciones son ridículamente domésticas; otras abren puertas hacia pruebas mucho más extrañas.
Entre medias aparece un cadáver. La identidad del asesino cambia y el jugador debe localizar veintitrés pistas, descartar sospechosos y regresar a la escena del crimen para señalar al culpable. Resolverlo aporta una buena carga de puntos, pero no pone fin al viaje. El misterio convive con los Corridors of Power, un laberinto que conecta Mundanesville con el Pleasuredome, y con minijuegos que saltan del Breakout simbólico a la defensa aérea de Merseyside, las flechas de Cupido, la galería de tiro o una bronca política entre líderes mundiales.
La ambición fue grande para un ordenador de ocho bits. Dave Colclough y Graham Everett figuran como programadores de C64, Karen Davies se ocupó de los gráficos y de la pantalla de título, y David Ward produjo el proyecto. En Spectrum aparecen John Gibson y Roy Gibson en programación; la versión de Amstrad se atribuye a John Gibson. Bob Wakelin firmó la ilustración de cubierta y W. Steve Blower participó en el arte y diseño del embalaje. La suma explica por qué esta licencia todavía parece un objeto diseñado, no un encargo despachado deprisa.
La música necesita separar tres trabajos. Frankie Goes to Hollywood interpreta el repertorio que da identidad al producto. Los autores originales conservan la composición de cada canción: el propio manual acredita Relax a Peter Gill, Holly Johnson y Mark O'Toole y la producción a Trevor Horn. Fred Gray, acreditado en Commodore 64 como músico y responsable de efectos, trasladó parte de ese material al chip SID. Adaptar Relax, Two Tribes o Welcome to the Pleasuredome a tres voces electrónicas es trabajo musical real, pero no equivale a haber compuesto esas canciones para el juego.
El repertorio de C64 también mezcla Bang!, Snatch of Fury, el tema de Dragnet y Sobre las olas. No estamos, por tanto, ante una partitura original continua creada desde cero para acompañar cada estancia. Es una colección de arreglos y citas preexistentes, distinta según la máquina: Spectrum, por ejemplo, abre con una adaptación de Two Tribes. El casete adicional de la caja europea tampoco es una banda sonora del juego, sino una grabación especial en directo de Relax incluida como reclamo físico.
La edición completa de Commodore 64 conservada por C64Sets reúne caja, manual de doce páginas, folletos, soporte del juego y ese segundo casete musical. El manual contempla carga tanto desde cinta como desde disco, de modo que formato y contenido deben comprobarse antes de comprar. A 27 de septiembre de 2026 no hemos localizado una reedición comercial oficial en Steam o GOG. Tampoco existe una cotización actual sólida que permita dar una cifra responsable: se mezclan plataformas, reediciones, cintas sueltas y cajas sin el extra de Relax. Las £9,95 registradas por Lemon64 son el precio británico original de 1985, no lo que debe pagarse hoy.
Opinión jugona: este Frankie tiene más personalidad que muchas licencias modernas con cien veces su presupuesto. También es críptico, irregular y capaz de dejarte vagando sin saber si acabas de resolver un puzle o de participar en una broma privada de ZTT. Precisamente ahí reside su encanto: convierte el exceso pop, la provocación y la estética de la banda en reglas de juego. No es metal, pero sí pertenece de pleno derecho a esta arqueología de músicos que se atrevieron a invadir la pantalla. Una pieza rara, desconcertante y deliciosamente ochentera.